miércoles, 18 de agosto de 2010

SECEDA







Atravesando la sierra de O courel, por carreteras algo más que “inquietantes”, con bastante incertidumbre en parte causada por la magnitud de un paisaje de cumbres despobladas y de una altura respetable… llegamos a Seceda, un pequeño pueblo de casas de pizarra apiñadas con un sabor muy especial. Aunque conservando el encanto, ahora lo están rehabilitando a través de un programa de la UE. Aunque hay casas habitadas y al menos un barecillo, no nos encontramos absolutamente con nadie. Sólo pudimos ver a través de una ventana a una señora que también nos observaba.
Merece la pena llegar a este pueblo tan pintoresco, pero supongo que existirán otros caminos o rutas mejores.

SAMOS




Situada aproximadamente a 11 km de Sarria, en un valle estrecho encajonado entre montañas, es una villa de paso obligado para los peregrinos. Muchos duermen en el hospedaje del monasterio, uno de los más importantes de Galicia. Cuando llegamos, sobre las 2h de la tarde, nos llamó la atención las colas de personal sentado o tumbado junto a las paredes del monasterio, apiñados en la sombra, aguardando que abrieran el albergue.
Esta impresionante, por las dimensiones, abadía data del siglo VI, época en que los Suevos poblaban estos territorios. Algunas fuentes sitúan este origen un siglo más tarde, durante el Reino Visigodo.
Actualmente está regentada por monjes benedictinos aunque a lo largo de su historia pasó por numerosas visicitudes: guerras, conflictos medievales, ocupación mozárabe, desamortizaciones…
Lo más impresionante, sus dimensiones, su robustez y el entorno con el río Sarria pasando junto a sus muros.
No demasiado alejada del monasterio, junto al río en un paraje arbolado y cuidado nos encontramos con una pequeña ermita de origen mozárabe (s. IX), aunque totalmente restaurada. Es la Capilla de San Salvador, pero se la conoce como la Capilla del Ciprés porque está construida adosada a un gran ciprés de más de mil años de vida, según dicen.

SARRIA





A continuación tomamos camino a Sarria. Es un municipio bastante más grande que Portomarín y al ser también punto de parada del Camino de Santiago francés, está lleno de peregrinos, albergues completos y restaurantes.

En la parte alta de la Villa se conserva la Vila de fuerte carácter medieval: casas blasonadas, Iglesia de Santa Marina, Iglesia Románica de El Salvador (única en el mundo por su Cristo con el símbolo de la Paz (Peace and Love, el hippie)) y en la cima, la Fortaleza, que constaba de 4 torreones en 1855 y del que hoy sólo se conserva uno.
La iglesia de el Salvador, situada en la Rua Mayor es una iglesia sencilla, posiblemente de finales del siglo XII o principios del XIII.

Es muy interesante la portada norte, por su primitivismo. En el tímpano, cobijado por una doble arquivolta apuntada, aparece un Pantocrátor algo tosco que, estando en pie, levanta sus brazos en actitud de oración. Está rodeado de dos árboles esquemáticos de los que penden seis hojas, siendo rematados por dos cruces griegas.

Los herrajes de la puerta, repintados, son los originales.

La portada occidental es sumamente simple, con arcos apuntados y cuatro capiteles de sencilla talla.

ST. FACUNDO DO RIBAS DO MIÑO (PARADELA)


A unos 8 kilómetros de Portomarín, en el concello de Paradela, bajando por unas carreteras comarcales llenas de vegetación, de aldeas y vides llegamos hasta la misma orilla del Miño. Allí, solitario, se encuentra el antiguo monasterio que está totalmente restaurado. Lo mejor, el entorno.

Dicen que la bóveda de la iglesia de San Facundo de Ribas de Miño es la primera manifestación del estilo gótico en la Península Ibérica.

San Facundo es fundado en torno al año 1120 y nace con la vocación de acoger a los peregrinos que viajaban a Santiago. La historia de este conjunto comienza cuando hacia el año 1116 Doña Urraca, reina de León y Castilla, en uno de sus temperamentales arrebatos decide cortarle la fuente de ingresos que suponían los peregrinos al Arzobispo Xelmírez y derriba el puente de Portomarín sobre el río Miño, camino francés a Compostela.

Los monjes benedictinos, entonces, se instalan donde el Miño amansa la corriente para cruzar en barcas a los peregrinos que van y vienen de Santiago, fundando el monasterio en torno a 1120. En este año, Pedro el peregrino vuelve a levantar el puente de Portomarín, convirtiéndose así San Facundo en el refugio de aquellos viajeros que no podían pagar el pontazgo de Portomarín y que pasaban la noche en la iglesia.

PORTOMARÍN













Es uno de los pueblos del camino de Santiago francés y no hace falta que nadie te lo diga por la cantidad de peregrinos que te empiezas a encontrar cruzando el puente, subiendo las escaleras que conducen a la calle principal (una cuesta llena de tiendas, bares, restaurantes, hostales, albergues…) y sentados o tirados en los soportales cercanos a la iglesia.
Se trata de una iglesia-fortaleza románica que fue antiguo hospital de peregrinos. Tiene una sola nave, varias portadas y un gran rosetón. El exterior está lleno de decoración escultórica con todo el simbolismo románico: arquivoltas decoradas con los ancianos del apocalipsis, pantocrator, anunciación, ábside con celosías enmarcadas por columnas góticas y arcos de medio punto decorados con motivos geométricos.
El interior es algo más sobrio. Conserva restos de pinturas góticas, un baldaquino y una escultura de Cristo crucificado del siglo XIV realizada en madera policromada.
El pueblo es muy agradable, con el río y un embarcadero. A orillas del río hay un piscinón público que suponemos será fantástico para los peregrinos que hagan parada allí.

ST. ESTEVO DE RIBAS DO MIÑO (O SABIÑAO)














Por fin, tras una carretera de montaña, bonita, segura y corta llegamos a un paraje de ensueño en la ladera del Miño: St. Estevo (concello de O Sabiñao). Nos pareció increíble que en ese apartado lugar hubiera enclavada esa maravilla. La portada, que es alucinante, con un rosetón grandísimo apenas se puede apreciar de frente, entre otras cosas porque no hay sitio y la zona es muy escarpada. La puerta es abocinada con arquivoltas de medio punto sobre columnas. En la arquivolta menor presenta siete figuras sentadas que evocan ancianos del apocalipsis. Tampoco poco pudimos verla por dentro aunque muy cerquita hay una casa rural y seguramente allí sabrían dónde preguntar o cómo conseguir la llave…

SAN SALVADOR DE ASMA (CHANTADA)







A la mañana siguiente, nuestro primer objetivo era visitar el monasterio de St. Estevo do Ribas do Miño. Aunque llevábamos mapas y GPS y sabíamos que estaba cerca de Chantada, en la provincia de Lugo, nos costó casi una hora encontrarlo. Estuvimos preguntando en cada una de las parroquias cercanas, que eran una infinidad, pero las personas, superamables (incluso una señora se ofreció a montarse en nuestro coche para situarnos en la dirección adecuada) no sabían exactamente a qué iglesia nos referíamos. La verdad es que la zona está plagada de ermitas, iglesias y monasterios y debes saber exactamente el nombre del santo/a a la que está dedicada, el concello y la parroquia… El caso es que buscando y preguntando dimos con una pequeña iglesia románica, aunque restaurada en el XVI: San Salvador de Asma. Tenía un encanto especial, con su cementerio y su cruceiro, aunque no pudimos entrar. Era demasiado temprano, supongo. Conserva el ábside semicircular con las ventanas y los canecillos de estilo románico.